locura


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Después de haber analizado concienzudamente mis últimos actos con sus horas amargas y sus eternos minutos,  de los últimos días  y egoístamente como siempre solo viviendo mis propias experiencias, confrontado con amigos y familiares cuyas opiniones encontradas van desde la idea, de que me deshaga de todos mis bienes, me compre un pequeño sitio para morir la vida, consiga una mujer como sabia compañera y me olvide de toda idea que no sea la de olvidarme de mí mismo viviendo una oscura soledad, dizque porque estoy en esa edad en que se considera que ya, es uno un viejito más

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Cosas de viejo tonto. Cuento chileno.

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Ya hemos escrito muchas presentaciones de Enrique Muñoz Abarca, por lo tanto, lo sentimos amigo de esta página y ya todos saben que es amigo de este editor, nos criamos en el mismo barrio. Pero hoy transcribo una crítica de una persona ajena a nuestras páginas, donde nos indica  Alejandro Carreño Tillería, de este cuentista, que pasa por su mente y...los dejamos con este enunciado.

" Bajo la mirada de un relato inocente, de viejo loco, se esconde la mirada de un narrador que juega mañosamente con la fición y la realidad, en el plano de la ficción. Y cabe

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Sueño..., (parte 1)

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 Alli, casi sin saber porque me encontraba de pie frente al mismo espejo que escuchara mis secretos, el que me miró vertir tantas solitarias lagrimas, al tener que aceptar los fatales designios, cuando el destino me arrebató la presencia de mi madre y de familiares tan queridos, ausentes al partir su alma a otros mundos y nunca me dio la espalda, en esos conflictivos momentos de gran aflicción.

Si, ese mismo espejo que en mi animo sembraba de origen desconocido, ese magico encantamiento que me embrujaba de manera singular y extraña; siempre habia sospechado, con certeza, de que alli se

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El último Tren ( una página de mi novela Sara)

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Hoy amanecí soñando que raro, me siento extraño de haber soñado, no recuerdo a qué horas caí en tan profundo sueño, para empezar a viajar en mi conciencia, a los linderos de personas y paisajes que se habían esfumado con los tiempos.

 y vagamente como un presentimiento, recuerdo este sueño, así; velado por una esquiva bruma que esconde la realidad del paisaje que se quiere contemplar, pero queriendo iluminarse, de la oscuridad de esas sombras reconocí su figura, sí, allí estaba ella, la que llegó a ser para mi corazón innombrable, la que el destino le llevó a otro camino

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El silencio de los Inocentes

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El silencio de los Inocentes

Que puedo decirle si ya no puedo contar nada, ni siquiera sé lo que pasó o porque putas estoy aquí, recuerdo que mi nombre es Benjamín.

Sí, de eso sí, estoy seguro, mi madre, mi taita, mi novia y todos mis amigos me conocían y me llamaban  por ese nombre, ahora  miro desde mi oscuridad, a estas personas, que tapan medio rostro con un  pañuelo, o algo no sé qué…,  creo que es un tapabocas de esos que utilizaban los odontólogos, o algo parecido, sí, claro, ya los había visto desde la escuela, cuando nos

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Cuento de navidad

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La música se adivinaba en la tibieza de la noche, y las luces del poblado poco a poco transmitían esa alegría.

 Ah, el amor,  ese amor que vivíamos en cada motel del camino, que grato, que eran esas andanzas a la ventura, benditas sean las mujeres primorosas que no niegan sus besos ni sus encantos.

Al llegar, los pies acariciaban las lozas de azulejo, y el aguardiente volaba de mano en mano.

Arnulfo se apresuró a recibirnos aguardiente en mano, y nos envolvía con su tufo de borracho.

Abel y yo nos miramos desconsolados, no era mucho lo que aquí

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Ella (3)

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A veces se nos pasa el tiempo  eternamente,  escuchando que vivimos, si así, simplemente oyendo  que vivimos, tan inútilmente que se  vuelve una sensación de pereza,  una estática contemplativa del vivir, son los gritos del corazón que corren por las venas plenas de angustia, agitando al pensamiento.

Y así con los ojos muy abiertos, mirar al alma para entender su nobleza, analizarla y compartir el huracán de sentimientos que acucian los deseos, estos que se objetivan para seguir viviendo, de los recuerdos, de aquellos coloquios inolvidables que enaltecían los sentimientos, de las huellas profundas de la vida en la tristeza,

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Ella (2) primera parte

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 Confieso que cuando la “conocí”,  sentí  intensa curiosidad por ella, ¿era un interés quizás estético por admirar lo bello? ¿Era solo mi pasión artística que busca un motivo para crear ilusiones y sueños en las palabras que ordena el pensamiento? o realmente me sentía atraído por ella, como sin poder impedirlo, la polilla, busca la luz para morir en ella.

Cómo, no pude darme cuenta, de que día a día mi vehemente deseo de platicar con ella a la distancia, sin ningún contacto físico más que  nuestras palabras hilvanadas al viento se convertían en mí, no en una fijación pasajera,

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La manzana que quería ser Estrella.

La manzana que quería ser estrella

10 Noviembre, 2012
Hace dos meses, en el solemne acto de apertura del X Congreso Federal de Escuelas Públicas de Gestión Privada, celebrado en la ciudad argentina de Córdoba, me llamó poderosamente la atención que una de las cuatro personas que hacían la presentación del Congreso, la pastora evangélica Mariela Pons, subiese a la tarima con un plato de manzanas y un cuchillo. Calculo que habría allí más de mil personas.

No es habitual, por no decir que nunca lo había visto, una actuación semejante en un acto

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El viaje del alma (2)

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Caminaba por entre un valle oscuro sin quebrantar el aliento, sin que mi alma tuviera  un pensamiento, y he aquí, que a mis oídos como una brizna de viento, un muy suave sonido, casi un murmullo me llega, para aliviar las pesadillas de la noche, y el quebranto que precede al letargo que me invade, se disipa con la ilusión de la palabra, la voz lejana del algún recuerdo amado cuyo recuerdo me lo dicta el pensamiento.

He aquí que la voz de los recuerdos en las noches solitarias, transformada por la suavidad del viento que de lejos llega, hace

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