Para ti?, (Ernesto 22)

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Yo fui testigo de verte nacer como flor de la vida, oh, flor de belleza en extraña y misteriosa primavera oculta del destino, y me enamoré de tu sonrisa ingenua que como el Sol brilló en tus labios, e irradió, una luz que acariciando mi corazón le llenó de fantasías, y deseé embriagarme con tu aroma, y las fragancias y ambrosías que despedías perfumaron mi alma y arrebataron todos mis pensamientos, esclavizando mi espíritu que desde ese momento ya no podía vivir sin ti. También fui testigo de ver tu tristeza cuando hervía en tu sangre la vida que en tu cuerpo de niña gritaba con voz sonora, sin que tu alma entendiera el motivo, del milagro que la vida había germinado en ti, seducida sagazmente por el amante que el caprichoso destino de la mano de la ingenuidad de la vida te arrojaba a su torrente. Y cuando indefensa fuiste conducida  tristemente al altar del sacrificio que el ladino amante, cobardemente disponía para cegar el milagro que en tu niñez se gestaba, presuroso acudí,  a recoger el rocío de tus lágrimas, ofreciéndote el paliativo de este amor tan sentido, que con fervor mi alma ha depositado en ti.

Yo he recorrido miles y miles de segundos, de minutos, de días, y de instantes de la vida, gritando tu nombre, recordando tu mirar, caminando por las calles caminadas, buscándote en la oscuridad de los rincones, preguntándole a la cómplice luna por aquellas noches de besos y suspiros, acudiendo a lugares de luces exóticas y melodías de esas tan pegajosas y sentidas, que impulsan a las emociones, que liberan los espíritus, que originan enamoramientos pasajeros y permiten a los cuerpos hablar piel a piel en instantes ya olvidados.

Oh, penosa sensación esa, de sentir tan profundamente ese algo que no es nada, ese sentimiento que nunca fue correspondido, y, que pesa como puede pesar el vacío en el tiempo, para que al final, la soledad sea el nombre que acaricia el deseo, y el desprecio por vivir, sea el premio de haber querido ver formas que no existían, creer que un fugaz beso era una promesa, de un deseo reprimido,  y,  una sonrisa, la esperanza de un amor que nunca fue, sin espacio en ese tiempo tan vacío.

Uno no sabe que pensar de la vida cuando el torrente del destino le sumerge en un remolino de recuerdos y costumbres, tan intenso,  sin poder liberarse fácilmente de aquellos sentimientos embargados de emociones tan profundas y sentidas que nos ligan a lugares y personas de tan singular manera que cualquier destello de olvido por tenue que se sea, hace aflorar las lágrimas en los ojos como identidad sin ninguna duda de amargura y tristezas, que no permiten borrar de la mente el color de su sonrisa y el aroma de sus labios, labios impresos en el alma y tatuados en la piel que placentera y alegremente disfrutaban su caricia. Esos labios de besos profundos  y sueños, más intensos, esos labios que permitían sentir con su caricia, vibraciones en cuyo recuerdo de doloroso, ha pasado a ser un tormento.

Ah, del sentimiento por este nombre, que dejó de ser en mis labios la música, que arropando mi corazón recordaba, tantos momentos vividos de emociones  y sentimientos de alegrías y tristezas compartidas, por los avatares de la vida, que simbolizaba la compañía del espíritu, la serenidad de la noche y la alegría del día. Nombre alejado con crueldad de mi destino, que hoy se sepulta bajo miles de nombres, que tan solo han sido una esperanza de un destino desconocido, una gota de agua que sorbe el sediento deseo, convirtiendo en polvo ardiente la aridez, tan sentida,  de una irrealidad incomprendida.

Oh, desfile de nombres irreales de formas que el desespero da forma, de imágenes creadas por la sed de besos, y ansías de amor y cariño, simples nombres de esperanzas furtivas, aunque algunos sean sonoros como Ruth o como Carmen, para ser tan solo nombres sin sentido, que se olvidan con el tiempo, que no conoció la carne ni los besos prometidos. Añorando senos altivos, que las manos quisieran palpar y recorrer, labios de rica boca y pensamientos que nacen de la profundidad, del infierno de esta soledad maldita de mi alma en pena.

Uno no sabe que pensar de la vida cuando el destino nos tropieza con aquellos seres que llamaban al amor por su nombre, hembras sedientas de besos y ansías de amores, y de aquella, la dueña de ese nombre, que es mi tristeza y mi penar. Uno sabe que sentir, cuando se es mirado tan lejanamente por aquellos adultos que alguna vez fueron los niños del alma, y hoy el tiempo ha convertido en extraños, con un reflejo amargo de íntima cercanía y añoranza de cálidos cariños que el tiempo borro con la vida.

¡Ay! Alma de  mi alma, ¡Ay! Vida de mi vida; que no puede decirle adiós a los recuerdos, para que alcen sus vuelo con miles y miles de aleteos como avecillas, que vuelen en otoños desesperanzados, fijando en mi espíritu pensamientos, que no dejan partir estos recuerdos, para que se cosechen nuevas esperanzas, en primaveras venturosas, donde las lágrimas se oculten, y las tristezas sean acalladas, entre sombras de nuevas esperanzas.

Yo he escuchado ese murmullo, cuál si fuera el rumor del canto del agua cristalina que va cantando alegre en su paso, rumor que da luz a las penumbras de la oscuridad de mis sueños, para acariciar mis tristezas, y, como corre el agua entre las piedras con mágico acento, así acuden las palabras a mis pensamientos, portando las palabras de los sueños, en labios esperanzados en promesas, y bebiendo ilusiones en las bocas entreabiertas, que la vida arroja como flores, en suspiros, que viajando en el tiempo, que no tiene nombre, forjan aquellos versos, y poemas que buscan hallar aquellas almas gemelas que quieran sentir ilusiones, al percibir mis ojos las formas bellas de desnudeces, del alma y de los cuerpos, despertando mis sentidos, al alimentarse de aquellos senos que amamantando sueños, den luz a mi ingenio, hallando la mágica puerta que me permita ver la realidad de tu ser, en ese mundo colindante con mi vida y mi destino, donde nada es lo que es, y el tiempo siempre vacío se confunda con el destino siempre eterno, y así las caras de la vida asomen por su nombre, y mi llanto abundante e inconsolable, llora con mi alma al contemplar todas las ansiedades vividas en minutos eternos robados a la vida, poseyendo tu cuerpo, succionando el placer que implora el sabor de mis versos, creadores de sueños, que permitían el habitar de mi alma, en los mundo irreales de mis sentimientos, donde la profundidad de su vientre, seduzca  eternamente a mis palabras con el placer de la fantasía

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