Patricio Riveros Olavarría, un gran escritor.

Logo_web_Catalejo.jpgYa hace un tiempo atrás, escribí sobre Patricio Riveros Olavarría, nada más porque tenía un libro llamado "El funeral de la Felicidad", comprado en una reliquidadora de libros, recuerdo haber comprado dos ejemplares, para regalar a un amigo por su cumpleaños. El disfrutar a este escritor y sus historias, es una alegría que disfruto constantemente (vuelvo siempre a releer mis libros), y con este ejemplar me pasa lo mismo.

Buscando una reseña, ya había escrito una, me encuentro con una web, con un título bien sugerente: "Catalejo". El mundo desde lejos, y de esta web traigo acá un artículo donde el editor de esta página, Alejandro Cifuentes-Lucic, nos regala su mirada de nuestro escritor Patricio Riveros Olavarría.

Patricio Riveros Olavarría.

Patricio_Riveros_Olavarr_a_escritor_iquique_o.jpgPatricio Riveros Olavarría (1962-2005) fue en vida un reconocido escritor iquiqueño, hijo de la sangre y de las historias del ilustre barrio El Morro de la ciudad de Iquique (Tarapacá, Chile). Iquiqueño de corazón, amó su tierra como el que más, aunque vivió en los Países Bajos y Cuba durante su larga juventud, graduándose de periodista en la Universidad de La Habana en la isla caribeña. Patricio era, por definición, un esplendido narrador, un cuentista excepcional, un letrista creativo de talla nacional, un cronista de historias, personajes y profundidades humanas de nivel internacional, que supo plasmar en el conjunto de sus obras (novelas, novelas cortas y cuentos), la cara local de la globalización, de la mundialización desatada que supo conocer y aprehender en las vivencias desventuradas y sus múltiples periplos por culturas diferentes, conociendo e interactuando, de forma sincera, simpática y auténtica, con gente variada y variopinta.

Patricio Riveros Olavarría, escritor y periodista, era parte del patrimonio cultural de Iquique. Era habitual verlo caminar por las cercanías del edificio del gobierno regional en dirección a su hogar enclavado en el corazón del barrio El Morro, entre la costanera y el puerto. Con su tranco calmo, acompasado, sus pasos tranquilos, Patricio siempre estaba dipuesto a conversar con quien se le cruzara por delante, sin importar realmente si él iba atrasado o si uno mismo era el apurado. Era normal también, para quienes lo conocíamos un poco más, cruzar tallas y travesuras con él, al más puro estilo de un duelo del lejano oeste o de las salitreras, claro que sin heridos ni muertos ni humillados.

Hace más de 5 años, una mañana cualesquiera, nos vimos justamente en la puerta del edificio del gobierno regional y, como de costumbre, nos hicimos mutuas pullas y retintines, el tartamudeando, yo un poco más rapidito. Debo reconocer que lo vi cansado, quizás con gripe por extrema ventilación erótica o por algún trasnoche desbocado de conversaciones literarias y tertulias crepusculares después de las grabaciones de su programa de cultura en la televisión “Tartamudeando con libros”.

-Me he sentido pésimo, he estado enfermo toda la semana -me dijo. -

Tienes que mirar el carné de identidad, la parte de atrás, donde escondes la fecha de nacimiento-, le respondí, antes de perder de vista su clásica figura vestida con esa chaqueta de cuero negro, desgastada, estriada de tanta experiencia de vida, casi un arquetipo de su extrovertida y alegre personalidad.

Recordé nuestras conversaciones en la plaza cercana a la Universidad Arturo Prat, en las que me demostraba que -a diferencia de otros becarios del mundillo iquiqueño que se jactan, aún, de su vetusta experiencia en la tierra de los tulipanes- él si había aprendido a hablar neerlandés (y también a escribirlo a máquina, algo tan difícil cómo pilotear un avión supersónico).

libro_el_funeral_felicidad459.jpgAtesoro con mucho afecto los libros que de él tengo en mi casa, la mayoría de ellos autografiados de su puño y letra, en la calle, así, simple, sin ceremonias ni corbatas, en el más puro estilo de vida que, como ensayista, cuentista y novelista, vivió hasta el final de sus días.

Patricio era un promotor de la cultura: casi predicaba sobre el valor superlativo de la lectura en los niños y los jóvenes. Siempre estaba dando multitudinarias conferencias en los colegios y en la televisión: en su programa “Tartamudeando”, daba rienda suelta a su capacidad intelectual, acercando la literatura a lo cotidiano, a la vivencia universal de esta ciudad-puerto. En el último tiempo, Patricio estaba desarrollando un proyecto literario en la cárcel con jóvenes, cuyo entorno de vida y las presiones y contradicciones de una vida de violencia y abandono social, los había alejado de la libertad. Sin embargo, él, con la literatura, estaba dispuesto a recuperarlos, a renovarlos en su condición de personas, a liberarlos, a reinvindicar su dignidad.

Patricio era también un gran amigo, siempre ocupado de la gente, solidario, empático. Amaba Iquique como cada persona ama su terruño, pero en él se notaba con una inspiración superior y un halo elocuente, verdadero, honesto y sincdero. Me imagino que algún día, alguna calle de esta ciudad llevará su nombre, la de este modesto y gran Tarzán chileno y cosmopolita, periodista y escritor.

Patricio, era un buen amigo, mi amigo. Este es un pequeño homenaje para tu memoria, Pato. De verdad, no te he olvidado. Me imagino las tertulias que habrás armado en el cielo, con tanto personaje interesante dando vueltas a tu alrededor, en las alturas, cerca de la arena y la neblina que acaricia el cerro Dragón y los cerros que rodean Iquique, hasta las alturas de Tarapacá.

Patricio Riveros Olavarría, falleció en la madrugada del día 07 de julio de 2005, a la hora precisa cuando el amanecer espanta la oscuridad en esta tierra de pampa y mar. Tenía 43 años.

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Pensando en los escolares que deben leer y comentar tus obras, y preparar más de alguna tarea que sea la delicia de los profesores de lenguaje y del desquiciamiento de los padres, me he permitido colocar esta pequeña biografía de tu vida y de tu obra:

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Patricio Riveros Olavarría, nació en Iquique en 1962 y vivió durante muchos años en Holanda y Cuba. Recibió innumerables premios literarios en Cuba, Chile y España, y escribió cientos de cuentos y novelas. Este escritor que además es periodista, vivió hasta su muerte, en julio de 2005, en Iquique. En 1995 gana un proyecto para el Fondo Nacional para el Desarrollo del Arte, Fondart y publica ese mismo año cinco obras en la editorial “Pluma y Pincel”.

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En 1996 obtuvo el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura por su historia de las habaneras. Años después, estos libros auto-editados convergieron en “El Funeral de la Felicidad”, una compilación de sus mejores textos hasta el 2000. Uno de sus más queridos proyectos fue el programa radial dominical “Tartamudeando de libros” en Radio Paulina de Iquique, en donde Patricio comentaba sobre la actualidad literaria en la región y en el país. Este programa fue destacado en el programa científico “Vida 2000″. Después, ese programa derivó en una versión televisiva, en el canal RTC, de gran éxito y popularidad en Iquique.

Sus obras fueron:

La dicha de ser un don nadie, crónicas (Pluma y Pincel, 1995). Tarzán chileno perdido en Ámsterdam (Pluma y Pincel, 1995). Cuando las habaneras no tenían calzones, cuentos (Pluma y Pincel, 1995). El gato, ese ser desprestigiado, cuentos (Pluma y Pincel, 1995). El cuento del viejo piojento, cuentos (Fondart 1995). El funeral de la felicidad, cuentos (Planeta Chilena, 1997). La mujer del cura Soto, novela de un amor ejemplar (Cuarto Propio, 2002). La puerta chica más grande del mundo (Tinku, 2003). El gallo que hizo dormir al día (Campvs, 2004). Macarena Pocaspecas, novela breve infantil, inédita. Que lata lo de la mulata, poemario inédito. La ladilla de la modernidad, crónicas inéditas como libro. La corbata que mataba a la muerte, cuentos inéditos. El ruso que perdió la maleta, novela inédita.

Fotografías: 1) Portada de la página: Catalejo. El mundo desde lejos. Página que debemos visitar. 2) Patricio Riveros Olavarría. 3) Portada del libro "El funeral de la Felicidad. 4) El Malecón. La Habana. Cuba. 5) Amsterdam en primavera. Holanda.

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