Por qué el mar es salado, cuento folclórico chileno.

Yolando Pino Saavedra, ha realizado una renovadora y sostenida tarea de investigación literaria, que desde hace varios años ha orientado hacia las manifestaciones narrativas del folclore.

Su obra mayor es "Cuentos Folclóricos de Chile", publicada en tres volúmenes entre los años 1960 y 1963, mostrando a los lectores del país y del extranjero un mayor conocimiento del espíritu creador de nuestro pueblo.

Los dejo con el primer cuento recopilado por este autor.

"Por qué el mar es salado".

Este era un matrimonio muy pobre que tuvo un niñito. El hombre le dijo a un caballero rico:

—Vamos a ser compadres.
Cristianaron la guagua.
—Bueno, compadre —le dijo el caballero rico al pobre—; todos los días venga a buscar la caridad.

Al oir eso el pobre, ya no trabajó, iba todos los días a toda hora a pedir la caridad donde el compadre rico. El niño ya era grande, tenía ya dos años, y él con la porfía de ir a buscar la caridad donde el compadre.

Un día el caballero rico ya estaba cansado; de tanto ir a buscar la caridad, ya estaba dejando pobre al compadre. Un día el caballero estaba matando una vaca.
—Buenos días, compadre.
—Buenos días, compadre.
—Vengo a buscar la caridad, compadre.
—Bueno —le dijo él—. Sáqueme una espaldilla —le dijo al matancero.
Sacó una espaldilla de la vaca el matancero. Entonces le dijo:
—Toma, compadre.
Y se la tiró y le pegó en el pecho. Lo tiró de espalda con la espaldilla encima y le dijo:

— ¡Vayase al Gran Demonio! Vaya a dársela al Gran Demonio.
Se fue, tomó la espaldilla, y se la echó al hombro. Y se la tiró al Gran Demonio. Cuando encuentra a un viejito.
—¿Para dónde va, hijo?
—Para donde el Gran Demonio —le dijo—. Fui adonde mi compadre a buscar la caridad, y el compadre me tiró la espaldilla, me pegó en el pecho y me volteó de espalda. Por eso se la llevo al Gran Demonio.

—Llévasela, pero no llegues a la puerta chica, llega a la puerta grande. Entonces llegas y tocas y te va a salir y le vas a decir: «Aquí te traigo esta espaldilla de carne". Va a ser muy agradecido y te va a decir: «¿Cuánto pides de plata?

« No le vayas a recibir. Entonces le vas a pedir ese molino viejo que tiene a la entradita de la puerta.
 
Cuando llegó, tocó la puerta.
—¿Qué es lo que necesita?
—Aquí le traigo una espaldilla.
—Yo soy —le dijo el Gran Demonio—. ¿Qué plata quieres?
—Yo no quiero plata, yo quiero ese molino que tiene a la entradita de la puerta, ese viejo.

—    ¡Oh! —dijo el Gran Demonio—. Eso no te doy. Tengo
dos piezas con molinos; te doy un molino nuevo.
—No; yo quiero el molino viejo no más.
Como el Gran Demonio no quiere ser menos, le dio el molino viejo.
—Aquí está, llévatelo. Esta es la recompensa por la carne.
—Entregúeme el molino con las dos llaves.

Le entregó el molino con las dos llaves. El pobre pescó el molino y se fue. Llegó a su casa. La mujer estaba que ya no podía parar de hambre. Entonces puso el molino, le dijo:
—Molinito, por la virtud que el diablo te dio, dame comida y los mejores licores.

¡La mujer cuándo se iba a poder parar comiendo y curada y él igual! ¡Entonces éste que ya iba a trabajar ahora!

Le puso la llave al molino y le dijo que le dé plata. El molino principió a botar plata. Ya tuvo muchos mozos, ya compró fundos, compró buenas casas. Un día dijo el compadre rico:

—¿Por .qué no vendrá mi compadre a buscar la caridad?
Le dijo la señora:
—    ¡Qué va a venir tu compadre cuando le pegaste tan
fuerte con la espaldilla!
Entonces dijo:

—    ¡Ah! Tráeme ese pedacito de carne que no hemos po
dido   comer   y   esos   pedacitos  de   pan   que  hemos   dejado
también.
Se fue, tomó el camino para donde estaba su compadre. No podía dar dónde estaba su compadre. Y vio unos mozos que estaban trabajando, les dijo:
 
—¿Mozos de quién son ustedes?
—Del caballero fulano de tal.
—¿Y cómo va a ser tan rico mi compadre?
—En el pueblo está en una casa numerada con letras verdes.

Vio un palacio muy lindo. Así que llegó y tocó una puerta. Salió un caballero más rico que él.
—    ¡Oh, compadre!   ¿Cómo le va? ¿Y las tortillítas que
llevaba las botó? ¿Y la carne por qué le dio vergüenza de
dársela a mi comadre?

—    ¡Ay, compadre! ¿Cómo enriqueció usted?
—Yo enriquecí, compadre, de ese día que me dio el espaldillazo y que me dijo que me vaya al Gran Demonio. Entonces fui y él me dio un molino, que ése me da comida.
—    ¡ Ay, compadre! ¿Por qué no me vende el molino?
—Bueno, compadre, se lo venderé. Pase para acá para adentro.

Y le puso la llave al molino:
—Molino, por la virtud que el diablo te ha dado, dame los mejores licores que hay —le dijo.
Cuando ya le dio los licores, va y le pone la otra llave, lo trancó.

Entonces le dijo el compadre rico:
—¿Lo vende, compadre?
—Bueno, compadre; llévelo no más.
—¿Así que cuánto me va a pedir?
No le voy a pedir nada, voy a regalárselo.
—Bueno, pues, compadre.

Así como estaba medio curado ya, porque había tomado tan buenos licores, tomó el molino, se fue para su casa. En cuanto llegó, sacó a las empleadas a punta de huasca para la calle, déle huasca. Y le dijo la señora:

—cQué es lo que estás haciendo?
—Si tengo este molino, no quiero empleadas, porque tengo este molino.
Se fueron las empleadas.  Entonces puso el molino. El compadre  le había dado sólo la llave para botar comida. Cuando le dijo:
 
— jPor la virtud que el diablo te ha dado, bótame comida!
Se llenaron cien mozos y el molino bota no más. Ya se lle¬nó la pieza de comida, ya se llenó otra pieza. Total que ya no podía andar, las piezas estaban llenas. Entonces dijo:

—Estas son leseras, éstas son cosas del diablo.
Pescó el molino, se fue por las calles dejando la regadera por donde iba, y él gritando a la gente pobre:
—Traiga su plato, porque aquí llevo comida.
El pobrerío se estorbaba. Y llega donde su compadre.
—Compadre —le dijo—, éste es el diablo que me dio.
—Entonces, compadre, usted no sabía decir.

En un descuido le puso la otra llave y le dijo:
—Molinito, no botes más comida.
Ya quedó el rico otra vez con su molino. El otro tuvo que buscar las empleadas otra vez para que le laven la casa. Así que este hombre principió a trabajar con su molino; trabajó muchos años.

En una ciudad del extranjero no hubo sal, no encontraban en ninguna parte. En la ciudad donde estaba el caballero no más había sal.

El caballero mandó decir que él podía llenar hasta diez barcos de sal. Cuando ya llegaron los avisos, le dijeron que en vez de diez barcos, les mandaran cien mejor.
Cuando llegaron los barcos a comprar el molino:

—cPor qué no vende el molino mejor?
—Bueno, se los vendo. Espérenme ocho días —les dijo.
Así que esperaron ocho días. Ellos dijeron:
—Mejor compramos el molino que llevar los barcos cargados.
Así que lo esperaron ocho días. Principió a pedirle plata al molino; llenó diez bodegas de plata. Ahí vendió el molino. Cuando entregó el molino, se fueron los barcos.

Entonces dijo el mayor de los barcos:
—c.Será cierto que ése da sal?
Y lo habían mandado con una llave no más.
Entonces le dijo:

 —Molinito, por la virtud que el diablo te ha dado, bota sal.

Principió a botar, botar sal. Se llenó un barco, se llenó otro barco. Ya le decían: »Molinito, no botes más, y mientras más le decían más sal botaba. Ya se llenaron los cien barcos y todavía el molinito seguía botando. Entonces dijo el mayor del vapor:

— ¡Este molino es del diablo!

Y lo tiró al mar. Y por eso el mar es salado, porque todavía está botando sal el molino.

Fotografías: 1) Dibujo de Julio Palazuelos, chileno. 2) Molinillo. 3) Montañas de sal.

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