Carrusel de imágenesEl Cuento más Corto del Mundo.Cuento Corto... Título: El dinosaurio. Texto libreLa palabra es el hálito y el hálito es la respiración y la respiración es la vida. Según culturas, como la antigua cultura árabe, en la palabra misma hay un "alma" y el conjunto de palabras representa una suma de "almas" o espíritus vitales que sale de una persona hacia las demás, con todo los condicionantes y todo el contenido vivo que le son propios. y conlleva la suma de los hábitos, intenciones, esperanzas y modos de cada generación; una herencia en movimiento. Es por esto, que los que aquí se acerquen, encontrarán en este espacio: historias, cuentos, mitos y lo que este contador de historias quiera regalarles. Algunas historias de mi barrio, cuentos escuchados al pasar, un "pelambre" bien contado, y cualquier historia sacada de los anales de mi, ¡¡ aun corta vida !!. Por ahora los dejo y sólo esperen los primeros "cuentos" con los que iniciaré este nuevo espacio. Buscador de cuentos en Contando el Cuento.Radios de Chile en Línea (Folclore y Cultura).Contenido para Niños.
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"Un crepúsculo en La Habana", Patricio Riveros Olavarría, Chileno.
Enviado por Carlos Fernandois Olivares
el 02/12/2009 a las 12:25
De la estancia en ambos países -que alcanzó a durar en total más de una decada- extrajo las vivencias necesarias para escribir las dos obras premiadas. En ellas está, en una notable síntesis, un doble retrato, el de holandeses y cubanos, por una parte, y el de los chilenos, por la otra, enfrentados a la necesidad de entenderse con un país que les es ajeno. "El funeral de la felicidad"* resume lo mejor de esas experiencias y lo más significativo de aquellos libros, agregando un tercer componente: el de la realidad iquiqueña, referencia entrañable y obligatoria del autor. Surge así en este volumen un universo singular por la frescura, originalidad y colorido de los personajes y escenarios, a los cuales se acerca un chileno, un "tarzán" sensible, inteligente y picaro, proponiendo una mirada en que se mezclan alegrías y desventuras tratadas con humor y con un espíritu crítico y burlón no exento de cierta cálida inocencia. Libro sorprendente, "El funeral de la felicidad" no reconoce parentesco con ninguna otra obra literaria chilena reciente. Algunos de sus cuentos -"El fula caído del cielo", "Yo soy el pueblo", "Cuando las habaneras no tenían calzones", "Nelleke no lo va a creer", "Tarzán chileno perdido en Amsterdam", o el que da título a este volumen- tienen todos los merecimientos para ingresar en la galería de las más notables narraciones cortas nacionales Con el presente volumen deja de ser un escritor "de la provincia" y accede al primer plano de la literatura nacional. * "El Funeral de la Felicidad", libro que trae 31 cuentos de este escritor, Editorial Planeta. Biblioteca del Sur.Año 1997. Leerlo con música: "Orgullecida", Compay Segundo.Bolero-blues* de E. Silveira.(*Género igualmente conocido como influencia, término que se refiere al reflejo en Cuba de la música negra).
Va el cuento... Esos caballeros del verso que siempre andan con los bolsillos planchados, son de los que piden una taza de té sólo para quedarse con la silla. Le dan largas horas de vida a la jodida taza de té, levantándola cada 15 minutos para mojarse los labios. La gente sabía que a esa hora era mejor pasar de largo por la Casa de las Infusiones de calle 23 y Avenida de los Presidentes, pues los señores de la poesía recién en los últimos naranjas del crepúsculo soltaban las sillas. Si el grito de la cajera hubiera sido a la hora del ruido, no se hubiese escuchado. Pero fue a la hora de los poetas. Sólo de vez en cuando se les veía la cara a las dependientas. Gordas y viejas, de vestimentas sucias y malhumoradas, arrastraban un eterno paso cansino propio de ellas. El sol estaba por besar el mar. El murmullo poético se confundía en el aire con la música. La cajera estaba envuelta por el tedio y el sueño. A ratos daba cabezazos de dormida contra la vieja caja de hierro. Fue en uno de esos cabezazos contra la vieja caja de hierro que se le acercó un individuo a espantarle la modorra con un cuchillo que le puso en la barbilla. "No grites", le ordenó con voz de maleante. Y lo primero que hizo ella fue gritar. En sus 30 años de cajera jamás le había ocurrido algo parecido. Entonces chilló por todos esos años. El grito corrió por la calzada de toda la calle 23 en dirección a Paseo, y fue a dar más allá del cine Chaplin. Pareció como si todo hubiese quedado a obscuras, pareció un pestañeo del sol. La música y el zumbido poético de la Casa de las Infusiones se apagaron por un momento simultáneamente. Todos se miraron entre sí mientras el asaltante se echaba a volar de un carrerón. Algo inaudito en Cuba. Algo que sólo ocurría en los televisores Caribe o en cualquier otra pantalla de la entretención. Un poeta dado a las frases cortas se dio a la larga carrera tras el delincuente, quien se había llevado sólo una cajetilla de cigarrillos. —Cojones, le voy a reventar la cabeza cuando le ponga las manos encima —dijo el poeta. —Bah, si me viene siguiendo uno de esos comemierdas que no hacen más que perder el tiempo con sus poemitas. Y está bien abundante de barriga para estos trotes el muy descarado. —Lo que no sabe este ladrón es que antes de poeta fui deportista. ¡Ay!, cuando le caiga arriba. Vamos a poner las cosas en su lugar. —Pobre tipo, cree que va a dar conmigo —sonreía el ladrón. —¿Qué voy a hacer con él cuando lo coja? —Quizás si me hubiese dedicado al cuento policiaco, como me sugirió aquella profesora hace ya tantos años, no estaría con este tipo pisándome los talones. Se ve sudado, no voy a correr tan rápido para que no caiga en desánimo. La verdad es que debo reconocer su voluntad de alcanzarme con ese montón de grasa que lleva encima. —Es una lástima, caballeros, que haya personas que lleguen a la tristeza del hurto. Pero ¿quién no roba en esta escasez desquiciante? El negro del carnicero llega a tener la gota de tanta carne que engulle. El café del timbiriche de mi cuadra cada vez está más aguachento porque la blanca esa seguro que se va a su casa con la mitad del café. Los taxistas se adueñan de lo que se supone es propiedad social y, coño, cómo le roban a uno por montar el cacharro. El zapatero dice que no tiene suelas, pero manda al hijo a vender zapatos que él mismo hace... Pero ya, no voy a pensar en todo aquello, que este tipo se me aprovecha y se escapa. Cuando lo tenga le daré tres patadas en el culo y le preguntaré por qué hizo lo que ha hecho. —Tiene cara de tirar la esponja el pobre. No vaya a ser cosa que le dé un infarto y ahí sí que me embarco. No es lo mismo 20 cigarrillos que un muerto. ¿Y si le caigo a piñazos para que deje de joderme la espalda? No, cómo lo voy a golpear, si de todos esos haraganes de la poesía fue el único que se dignó cumplir con el deber social de seguirme. Además es increíble cómo no se ha puesto a dar gritos, porque la verdad es que bastaría que el muy cabrón soltara un solo "cógelo" y todo un pueblo me caería atrás. —¿Hará otra cosa más que poesía el barrigón este? —De repente resulta que es buena persona —dudaba el poeta. —¿De dónde habrá sacado ese pulóver tan lindo? —¡Qué pantalones más cheo lleva puesto! Le daría el prelavado que me quedó estrecho. Llegaron hasta el Malecón, que comenzaron a recorrer con la nostalgia que dan las primeras estrellas y con la calma que otorga la brisa de las olas. Tenían todo el tiempo y el sosiego que les permitían burlar los baches con elegancia. El trote tomó un solo ritmo y ya no tenía para nada la ansiedad de la pesquisa ni la desesperación de la fuga. Ambos llegaron al final del Malecón sin sentir los pies, como flotando en la bruma de sus propios desvarios. Tomaron la rotonda, y al Malecón de vuelta. Estaban en esa confusión cuando una vieja muy vieja, a metros de ellos, perdió el equilibrio por culpa de un agujero en la calzada y se fue tristemente de bruces. Los dos corrieron a poner de pie a esa abuela muy abuela. —No se preocupen, niños —dijo la anciana—, si ya estoy acostumbrada a estos porrazos. Y se incorporó con una sonrisa desdentada. En el momento en que la anciana cogió camino, se miraron como extraños. Entonces el asaltante balbuceó "¿y tú qué? ¿no me venías siguiendo?" Sin dificultad el poeta sacó fósforos, y trabajosamente, las palabras: "No, eeh... te olvidaste de la candela". Abrazados, se sentaron a fumar en el malecón, a contar las estrellas que iban poblando un cielo que en el horizonte aún tenía estallidos de naranja. Etiquetas: música Chile cuento Literatura La Habana
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Indice de Cuentos.La Cultura de la Transmisión Oral. Al Pan, al Rico Pan en el Barrio. Los Pozos, cuento Ferrocarrilero. ¡¡ Al Agua muchachos, hay que nadar !! Los "Bautizos", en nuestro Barrio. ¡¡ A tomar, a tomar, que el mundo se va acabar ¡¡ Los cantantes del barrio, se hacían "a pulso". Los "Tíos Vivos" y otras entretenciones. ¿ El Hombre-lobo existe ?, o es un cuento. Contando de Cine y otras yerbas. ¡¡ Ah !!, los vinos, los ricos vinos... Esos "sobrenombres" que nos hacían reir... ¡¡ Seriales del Recuerdo !!, el Zorro. ¡¡ Hay que ser muy vaca !!, el sacrificio... ¡¡ Eficiencia de los funcionarios públicos !!. Cuando la edad comienza con sus travesuras. ¡¡ Esta si que es Parroquia !! He aquí un cuento de terror... Un peluquero de barrio, gran historia. La ética, el respeto...malandras de ayer. El Embotellador de Almas (Cuento Oral) Fontanarrosa, malas palabras(Cuento Visual). Relatando un cuento, Eraclio Zepeda (Cuento Oral). Viejo con árbol, Fontanarrosa (Cuento Visual) Esos viajes de Adulto (bien) Mayor... Hermosa historia, relacionada con mi oficio. El Cura y la mujer del mueblista. Cuento de Navidad. Charles Dickens. La muchachita de los fósforos. Cuento de Navidad (2).Charles Dickens. El Libro que todo Chileno debe tener.Dejo la portada del libro "Folclor Chileno" de Oreste Plath. Su contenido nos invita a sumergirnos en la sabiduría de nuestro pueblo a través de los personajes populares, habla popular, leyendas, tradiciones, refranes y mucho más, entre otros aspectos que nutren el colorido paisaje que da forma a nuestra identidad.
Sitios de Interés.Lira Popular.A mediados del siglo XIX la lira popular recorrió el país en grandes pliegos impresos con versos a lo divino y a lo humano, ilustrados con ingeniosos grabados de autores anónimos. Aquí uno de ellos, para que conozcamos nuestras raíces.
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