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El Cuento más Corto del Mundo.

Cuento Corto...

Título: El dinosaurio.

Texto completo: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Autor: Augusto Monterroso.

Texto libre

La palabra es el hálito y el hálito es la respiración y la respiración es la vida. Según culturas, como la antigua cultura árabe, en la palabra misma hay un "alma" y el conjunto de palabras representa una suma de "almas" o espíritus vitales que sale de una persona hacia las demás, con todo los condicionantes y todo el contenido vivo que le son propios.

y conlleva la suma de los hábitos, intenciones, esperanzas y modos de cada generación; una herencia en movimiento.

Es por esto, que los que aquí se acerquen, encontrarán en este espacio: historias, cuentos, mitos y lo que este contador de historias quiera regalarles. Algunas historias de mi barrio, cuentos escuchados al pasar, un "pelambre" bien contado, y cualquier historia sacada de los anales de mi, ¡¡ aun corta vida !!.

Por ahora los dejo y sólo esperen los primeros "cuentos" con los que iniciaré este nuevo espacio.



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Contenido para Niños.

En "Sitios de interés", en esta página, encontrarán un link que los llevará a "Lectura Viva", que es una página web dedicada exclusivamente, a lectura para niños. Su sub-título es "Corporación de Fomento de la Lectura".

Por lo tanto, comunicamos a todas las mamás, papás, profesores, parvularias, jardines infantiles y todo lo que tenga un niño adentro de su "cubiculo", tiene que llegar a esta página, y leer sus cuentos y poemas.

"Lectura Viva" te espera.

 

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Escenas Parlamentarias, 2 historias de Jenaro Prieto, chileno.

Enviado por Carlos Fernandois Olivares el 27/10/2009 a las 15:27

A Jenaro Prieto, todos lo conocemos por su novela "El Socio", ya que en mi época de estudiante era uno de los libros comprendido en el programa educacional. Pero este periodista-escritor, también tiene otros escritos, los que han leído a Luigi Pirandello (Premio Nobel de Literatura), nos hace recordar algunos de sus escritos. "La renta vitalicia", un cuento entretenidísimo.

Los dejo entonces con una mini biografía de Jenaro Prieto y dos de sus escritos referentes a nuestros parlamentarios.

Jenaro Prieto.

Uno de los nombres sobresalientes del periodismo chileno es Jenaro Prieto, cuya producción apareció en forma primitiva en El Diario Ilustrado de Santiago.
Además tres antologías de textos suyos fueron formadas con el curso del tiempo: Pluma en Ristre (1925), Con Sordina (1930) y Humo de Pipa (1955), incluyéndose allí los escritos humorísticos de mayor permanencia. Propósito análogo cumple la que el lector tiene en sus manos.

Escribió dos novelas que según el decir de los críticos son de señera ubicación en la literatura chilena: “Un muerto de mal criterio”(1927) y “El Socio” (1929). Esta última, que podría ser calificada de pirandeliana historia, ha sido traducida a diversos idiomas y hasta ha servido de guión para una película que se filmó en México. Finalmente, hay una publicación póstuma, “La casa vieja” (1957), que mucho tiene de autobiográfíca.

En su calidad de redactor de un importante órgano de prensa, Jenaro Prieto colaboró en forma regular desde 1912 hasta 1945, siendo por ello autor de varios miles de artículos suscritos con la inicial de su apellido. Diversos regímenes políticos que no gozaron de su afecto se sucedieron en dicho lapso: las primeras administraciones de los Presidentes Arturo Alessandri Palma y Carlos Ibáñez del Campo y el Frente Popular, inaugurado con la ascensión al poder de Pedro Aguirre Cerda en 1938.

¡¡ Vamos con sus escritos !!
 
"ESCENAS PARLAMENTARIAS"

En la sala de "once" de la Cámara reina una animación indescriptible.
Se cruzan las galantinas, se atropellan los sandwiches, y unos como relámpagos multicolores señalan el veloz paso del oporto, el jerez, la menta y el benedictine.

Hay razón para la fiesta. La Cámara ha solucionado el problema de la alimentación.. ., por lo menos en cuanto a ella se refiere.
El lunch sigue siendo gratuito, y los licores, cuyo consumo se había acordado pagar en vista de las protestas de la prensa, han vuelto a ser de cuenta del Estado.

Por acuerdo tácito, los representantes del pueblo reconsideraron su anterior determinación, y resolvieron que los licores no debían ser pagados.
¡Qué otra cosa iban a hacer! Los alimentos —y más todavía las bebidas finas— están ahora por las nubes; las once de la Cámara cuestan trescientos mil pesos al año.

 ¿Cómo imponer un gasto semejante a los representantes del Congreso?
—¡Esta resolución merece trago! —exclama un diputado liberal.
—¡A la salud de la Alianza! —contesta un conservador.
—¡Y de la Coalición! —retribuye, gentilmente, un radical.
—¡Y hay todavía quienes hablan de la carestía de los alimentos! —añade en tono convencido un joven parlamentario que ha convidado a tres amigos de provincia para que vean "cómo se tratan" en Santiago los representantes del pueblo.

Los diputados demócratas guardan un discreto silencio. El pavo asado, los espárragos, la langosta y las abundantes libaciones no les dejan espacio para hablar.

De pronto suena un timbre. Va a comenzar la segunda hora.

—Apúrese, compañero —dice uno que ha logrado dominar al sandwich con que luchaba encarnizadamente—. ¡Apúrese, que a usted le toca hablar!

El interpelado, rojo, con los ojos saltados de sus órbitas, hace signos afirmativos, mientras se esfuerza, alternativamente, por arrancar la servilleta, mantenida por la presión abdominal contra el inflexible chaleco, y por depositar en los bolsillos las viandas susceptibles de transporte.

—¡Rápido, compañero, que el tiempo no da espera!
—¡Voy! ¡Voy! ¡Qué apuro! —clama por fin el desgraciado, entre dos atoros formidables, y se dirige a paso rápido hacia la sala de sesiones.
—Señor presidente —dice, limpiándose un bigote hirsuto, que se creería de foca en plena pesca, a juzgar por los pedazos de langosta, anchoas y toda especie de mariscos que se enredan a sus hebras—.

 Señor presidente: como representante de las clases trabajadoras, como proletario que experimento en estos instantes todos los horrores del hambre y la miseria, me he creído en el deber de hacer presente a la Cámara la situación de nuestro pueblo.
No es posible, no es tolerable, que mientras unos cuantos privilegiados de la fortuna se hartan con los más ricos manjares, a costa de todo el resto del país, nosotros, los desposeídos de la suerte, carezcamos de un mendrugo con que apagar nuestras ansias.

Los diputados de los diversos bandos, bajo la influencia conciliadora y benévola de una común digestión, asienten con la cabeza a las sinceras palabras del colega.
El orador continúa, cada vez más fogoso, hablando en nombre de la miseria, la carestía de los alimentos, el hambre y la inanición.

Nadie se acuerda, en ese instante, de los trescientos mil pesos en once que consume la Cámara y del acuerdo tácito que establece nuevamente la gratuidad de los licores.

—¡No hay paciencia, señor presidente —termina diciendo el orador—, para mirar en silencio que un grupo de individuos dé rienda suelta a la gula, en tanto que los demás perecen de hambre y de indigencia!
 ¡Sepa la Cámara que el pueblo no puede tolerar esa ignominia, y el pueblo no la tolera!

Al dejar la palabra el diputado interpelante, en medio de la aprobación de sus colegas, se recuerda de los sandwiches guardados en sus bolsillos, y contesta en voz baja a uno de los vecinos, que lo felicita:

—Tal vez he exagerado.  ¡Creo que el público tolera!

SE DISCUTE EL MENÚ

También en la Comisión de Política de la Cámara suele haber, como en ella, sus días borrascosos, sus acalorados debates y sus trascendentales acuerdos.

El viernes último fue uno de esos días.

La Comisión, justamente alarmada con la noticia de que en una sola jornada los diputados de todos los bancos habían consumido en extras 350 huevos —-cifra rigurosamente exacta—, y sólo en la mesa de los representantes demócratas —que son los más voraces— se habían consumido once botellas de oporto condecorado, resolvió adoptar una resolución suprema y citó a reunión al efecto.

Bajo la presidencia accidental de don Carlos Alberto Ruiz, por ser el de "más peso" y el más representativo de la Comisión, se reunieron, pues, los miembros, señores Róbinson Paredes, Manuel Cruzat, Roberto Sánchez, Ramón de la Vega, Joaquín Irarrázaval, Onofre Bunster y Luis Salas Romo, y se puso en tabla el proyecto de disminución de los consumos o de racionamiento de los diputados.
 
—Pido la palabra —dijo el señor Cruzat Vicuña.
—La tiene el señor diputado.
—La difícil situación por que atraviesa el erario nacional, y en especial el alza creciente de los artículos alimenticios, ponen al representante de Melipilla en el duro caso de pedir a los honorables miembros de la Comisión que inicien una revisión del menú que, con tanto acierto, ha venido, hasta ayer, rigiendo los estómagos de los honorables diputados.

Por mi parte, he realizado un estudio concienzudo sobre el particular, llegando a la conclusión de que así como el presupuesto puede dividirse en gastos fijos y variables, las partidas que componen el menú de la Cámara se dividen en dos partes esenciales: fría y caliente. El diputado que habla se atrevería a insinuar la supresión de la segunda, empezando por el consomé. . .

El señor De la Vega. —¡La dieta de los diputados es sagrada!

El señor Cruzat. —Pero el consomé no es la dieta.

El señor Salas Romo. —Ese es un distingo escolástico que los diputados radicales no podemos aceptar. El consomé y la dieta son igualmente caldos de gallina, y es inadmisible que se haga entre ellos diferencia.

Varios diputados. —¡Que se vote, señor presidente!

El señor Ruiz. —En votación.

El señor De la Vega. —Voto que sí, en la inteligencia de que se mantendrán los demás guisos calientes.

El señor Ruiz (presidente). —Ruego, en obsequio de la brevedad, que los señores diputados se abstengan de fundar sus votos. Estamos en la votación particular del consomé.

 El señor Sánchez. —Protesto de la actitud de la mesa, señor presidente. De acuerdo con el reglamento, debe ponerse en discusión, primero, el proyecto general de supresión de todos los guisos calientes del buffet. ..

El señor Irarrázaval. —¡Pido la palabra!

El señor Paredes. —¿Y los choros, señor presidente? Solicito un pronunciamiento previo de la Comisión en el sentido de que los choros, ya sean fríos o calientes, no quedan comprendidos en la discusión general, ni en la particular, ni en ninguna discusión.

El señor Ruiz (presidente). —Por ahora se va a votar el consomé. ..

El señor De la Vega. —No, señor, no; que no lo boten; que me lo den a mí en ese caso. . .

El señor Ruiz (presidente). —Ruego a la honorable Comisión que proceda con calma. Se trata del consomé y sólo quedan exceptuados de la discusión los huevos, por ser un simple agregado de ese líquido. . .

El señor Paredes. —¡Su Señoría está defendiendo los huevos!

El señor Ruiz (presidente). —¡Llamo al orden al señor diputado!

El señor Paredes. —¿Por qué no se me permite que defienda los choros? Como represen¬tante de Talcahuano, de una región marítima que vive, como muchos de mis colegas, de la pesca, estoy en el deber de hacerlo.

Varios diputados. —¡Que se vote, sí, señor! ¡Que se vote!

Después de un acalorado debate, el consomé es rechazado por 5 votos contra 2 y una abstención, la de uno de los diputados, que es enemigos de los "caldos y demás cosas demasiado claras", como dijo al discutirse el proyecto.

Una votación más apretada aún se produjo al tratarse de los demás guisos calientes, en la cual, para llegar a algún resultado práctico, fue preciso aceptar una transacción.

En obsequio al señor Ruiz, se aceptó, en efecto, hacer una excepción en favor de los huevos, autorizando un máximum de tres por cada diputado. Igual acuerdo se aprobó con respecto a los choros, a petición del señor Paredes.

En el debate que siguió a continuación, sobre la supresión de las bebidas alcohólicas, los partidarios de ella ganaron la votación con el voto del señor Salas Romo, quien pidió y obtuvo en cambio el mantenimiento de la chicha.

El menú de las once quedó, pues, en la siguiente forma:

Un fiambre de carne con derecho a huevos y mariscos.
Dulces secos.
Café, té y chocolate.
Vino blanco y chicha.

Se han suprimido, en consecuencia, los guisos calientes, los licores y los dulces en almíbar, lo que significa una importante economía.
Aplaudamos, pues, el patriotismo de la Comisión de Política.

Año 1921.

Fotografías: 1) Jenaro Prieto, fotografía del Archivo del Escritor, Biblioteca Nacional. 2) Fotografía de nuestro Congreso. 3) La "galería" protestando. El público que asiste a algunas sesiones, alza su voz para "apoyar"un tema, foto de "Red de Acción por la Justicia Ambiental y Social". 4)Dibujo de Hernán Vidal, uno de nuestros ilustradores, en su libro "El Pequeño Corrupto Ilustrado". Hacer clic en su nombre y verán su perfil en nuestro.cl. Página Nuestro.cl es una comunidad virtual en torno a la valorización de nuestro patrimonio cultural y a la construcción colectiva de nuestra identidad.

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